Qué hacer en Tokio
Tokio salta de lo antiguo a lo hipermoderno en un solo día. Visita el templo Sensō-ji de Asakusa, de 1.400 años, cruza el famoso cruce de Shibuya y encuentra calma en el santuario boscoso de Meiji Jingū, junto a las calles de moda de Harajuku.
Sube a un mirador gratuito para ver el skyline infinito, recorre las calles eléctricas de Shinjuku y Akihabara de noche y — si es la temporada — disfruta de los cerezos en el parque de Ueno o de los colores de otoño en los fosos del Palacio Imperial.
Barrios y dónde comer
Asakusa y Yanaka mantienen vivo el viejo Tokio; Shibuya, Shinjuku y Harajuku son el lado oeste de neón, y Ginza es compras y gastronomía refinadas.
Come sushi, ramen y tempura, ásate tu propio yakitori en un callejón (Omoide Yokocho) y picotea en un depachika, el food hall del sótano de unos grandes almacenes. La comida de conveniencia es sorprendentemente buena y no se deja propina — el buen servicio es lo normal.
Cómo moverse y mejor época para ir
La red de trenes y metro es enorme y puntual; una tarjeta IC Suica o PASMO te deja pasar por todo, y los trenes exprés de Narita/Haneda llegan rápido al centro. Las estaciones son atracciones en sí mismas, así que deja margen de tiempo.
La primavera (finales de marzo–abril) por los cerezos y el otoño (octubre–noviembre) por el follaje son las ventanas mágicas — reserva con antelación, son muy populares. Los veranos son calurosos y húmedos; los inviernos, fríos, despejados y mucho más tranquilos.
¿Merece la pena un free tour en Tokio?
Tokio es la ciudad donde un guía te ahorra más tiempo, porque la escala desborda cualquier intuición. Trece millones de personas, decenas de centros y ningún casco antiguo único en el que orientarte. Un free tour no intenta abarcar la ciudad: coge un distrito, Ueno o Asakusa o la zona oeste de Shibuya y Shinjuku, y lo vuelve legible.
Ajusta las expectativas. No vas a resolver Tokio en un paseo, y quien te lo venda así exagera. Lo que sí te llevas es un método: cómo leer la entrada de un santuario, por qué el sistema de direcciones va por manzanas y no por calles, qué callejón detrás de la avenida guarda la comida que venías a buscar.
El otro motivo por el que funciona aquí es el idioma. Los menús, los carteles y las salidas de estación dejan de ser obstáculos en cuanto alguien te enseña el patrón, y dos horas con guía al principio del viaje se amortizan en cada comida que pidas después.
Cómo funcionan la reserva y la propina en Tokio
Los tours salen de su propio barrio y no de un punto central único: el de Ueno en la estación JR Ueno, el de Asakusa cerca de la caseta de policía del distrito de los templos, y los de la zona oeste en torno a Shibuya y Tochomae. Reserva gratis online y lleva la confirmación encima, porque en Tokio las salidas de estación son muchas y acertar con la correcta importa más que el propio paseo.
La propina es lo que más sorprende. Japón no tiene cultura de propina y en restaurantes o taxis se rechaza con cortesía. Las visitas guiadas vendidas a viajeros internacionales son la excepción: el guía sí acepta una propina al final, normalmente entre 1.000 y 3.000 yenes por persona, entregada con discreción. Si un guía voluntario la rechaza, no insistas: un agradecimiento y una buena reseña valen mucho aquí.